martes, 29 de julio de 2014

Nos cogió la noche

Que los empresarios estamos preocupados por el cambio en los negocios es un hecho. Así lo confirma la última entrega de la Gran Encuesta Pyme de Anif, en donde se evidenció que la mayoría de nuestras pequeñas y medianas empresas quieren capacitar a su personal para estar mejor preparadas. Sin embargo, preocupa que cada vez menos gerentes se anticipen a la búsqueda de nuevos mercados externos.

De acuerdo con la información suministrada por este centro de análisis económico, en el primer semestre de 2014 dos de los tres los sectores económicos incrementaron el número de respuestas en torno a que la principal acción de mejoramiento es la capacitación del personal. En la industria pasó del 36% al 38% de respuestas en el último año, en comercio del 42% al 46% y en servicios cayó del 51% al 49%.

Pero la opción de diversificar mercados en el país tuvo una caída preocupante. En Industria pasó de 30% a 19%, en Comercio del 26% al 15% y en Servicios del 29% al 11%. Lo mismo ocurrió con la pregunta relacionada con la apertura de nuevos destinos fuera de Colombia, que de por si ya era bastante baja: en industria pasó de 13% a 9%, en el comercio del 7% al 5% y en servicios del 12% al 5%

Esta es una señal clara de que tenemos que trabajar mucho más en el fomento de la cultura exportadora si queremos sacar provecho de los tratados comerciales suscritos en los últimos años.

Analizando las demás respuesta se me pusieron los pelos de punta cuanto llegué al punto en el que se registra el porcentaje de quienes no están llevando a cabo alguna acción de mejoramiento. En servicios creció la proporción de quienes se quedaron de brazos cruzados, pasó del 20% al 26%, en industria la proporción se quedó igual y en comercio se redujo del 32% al 27%.


domingo, 20 de julio de 2014

Superejecutivo vs Superemprendedor

"Yo prefiero fracasar con la plata de otro”, fue la respuesta sincera de un compañero de clase hace algunos años cuando le preguntaron por qué no se arriesgaba a crear empresa. Detrás de esa honesta frase descubrí el temor de los superejecutivos a dos cosas: perder su estatus y empeñar su patrimonio. Estas variables son las que los hacen poco aptos para emprender.

De hecho, uno más se entusiasmó con la posibilidad de montar una gran compañía de distribución pero el impulso le duró un mes, cuando revisó las cifras y se dio cuenta de que el margen sería mínimo y el esfuerzo máximo. “Mi mujer me ahorca donde me llegue a quebrar con esa idea”, justificó en su momento este vicepresidente de una destacada industria láctea nacional.

En cambio, un emprendedor que ganó el Premio Gacela hace unos cuatro años aseguraba que a la gente como él siempre la diferenciaba la fe en que, al tirarse de un barranco, en el camino le iban a salir alas. “Toda la familia ha entendido que cuando se puede se puede, y cuando no, pues no”, afirma él con respecto a las restricciones económicas que ha tenido que sortear en diferentes etapas.

Un presidente, o vicepresidente de gran empresa no tiene este sentido del riesgo, ni siquiera se lo imagina porque está acostumbrado a contar con recursos de sobra para actuar: contrata a los mejores profesionales, tiene recursos de capital para pagar su nómina aún en los peores tiempos, dispone de préstamos bancarios e inyecciones de capital de los socios para invertir en innovaciones y nuevos proyectos.


Es por estos factores que estoy en desacuerdo con aquella tesis de que las grandes, medianas y pequeñas empresas actúan de la misma manera. Esto es totalmente falso, porque el comportamiento de un negocio se enmarca en el estilo de su líder y están muy lejos de ser comparables los Superejecutivos, que se acostumbran a vivir a todo taco, y los Superemprendedores que pueden demorarse hasta 20 años en llegar a tener un nivel de vida respetable.

sábado, 12 de julio de 2014

Esta empresa no es un escampadero

Como es típico de los adolescentes, mi hijo estaba indeciso sobre su noviazgo. Para aclarar sus dudas, le consultó a mi 'experto' esposo si le parecía bien que le terminara a la niña. "¿Cuánto llevan juntos?" preguntó. "Apenas mes y medio", contestó mi hijo. "No le termine todavía, ni siquiera han pasado el periodo de prueba. Eso es como en las empresas, uno no puede decir en apenas un mes si le gustó o no el trabajo allí", fue su conclusión. Aunque un tanto impactada por la frialdad del análisis, el asunto me sonó bastante sensato y me hizo reflexionar sobre la forma en que muchos profesionales deciden continuar o no en una compañía, cuando ni siquiera han cumplido su periodo de prueba.

Por la experiencia de más de un centenar de colegas gerentes de pequeñas y medianas empresas puedo afirmar que hoy los jóvenes y otros muchos menos jóvenes llegan con un bajísimo compromiso frente a su nuevo empleador. Algo triste si, como en muchos casos, se invierten considerables presupuestos en contratar una firma de selección que aplica varias pruebas, verifica perfiles, referencias y, después de varios análisis, determina quiénes pueden ser aptos para el cargo. A las entrevistas finales sólo llegan quienes saben las condiciones de contratación y han manifestado su deseo de vincularse a la compañía.

Pero ese interés les dura lo que tarda otra empresa en ofrecerles un 10% más de lo que se ganan, cosa que con frecuencia se da a las dos o tres semanas de haber iniciado actividades porque muchos tenían procesos pendientes. Ni siquiera las proyecciones de crecimiento logran motivarlos.

¿Qué deberíamos hacer los empresarios frente a esta fuerza laboral itinerante? Quizás la primera decisión sea mirar las propias huestes antes de elegir un candidato de afuera. Identificar a una persona que tiene la actitud que se requiere para enfrentar nuevos retos puede ahorrarnos los sinsabores de traernos al mejor en aptitudes, pero el peor en cuanto a voluntad de trabajo serio.

Quizás resulte mejor invertir el presupuesto en mejorar las competencias de un colaborar actual que en seleccionar potenciales candidatos. Además, se motivará a la empresa entera porque se enviará un mensaje positivo sobre la posibilidad de crecimiento.

Pero si definitivamente nadie en la empresa cumple con el perfil lo más sano será observar al elegido de manera intensa durante el primer mes y evaluar la seriedad con la que aborda sus compromisos a partir de estas siete preguntas:

1. ¿Asume su rol al 100% o de manera inteligente le saca el cuerpo a la mayoría de sus responsabilidades?

2. ¿Se toma la tarea de conocer y evaluar a sus subalternos para hacerse una mejor idea de sus habilidades y debilidades o, por el contrario, evita crear relaciones con ellos?

3. ¿Se esmera desde el primer día en entender el negocio en su totalidad, identificar las oportunidades de mejora o se la pasa como un invitado-observador, que no interviene en ninguna de las reuniones?

4. ¿Se plantea retos a mediano plazo (dos o tres meses) y asume de manera personal el liderazgo o se excusa diciendo que aún no tiene claro el negocio?

5. ¿Se ve completamente dedicado a estructurar su plan de negocios y gestionar los asuntos de la empresa o casi siempre anda hablando por celular en sitios alejados del resto de sus compañeros?

6. ¿Es el primero que llega y el último que se va, dedicado a su labor, o se la pasa pidiendo permisos para atender citas médicas o compromisos adquiridos previamente?

7. ¿Siempre que habla de la empresa dice "Nuestra empresa", en lugar de "tu empresa"?

Sin necesidad de contratar un detective privado podrá determinar si el recién llegado está dispuesto a caminar un largo trecho con la compañía, o si únicamente está escampando descaradamente mientras se le abren otras puertas.








domingo, 6 de julio de 2014

Comienza un nuevo sueño

 Muchas cosas buenas quedan de la participación de Colombia en este Mundial. Pero la más importante para mí, como empresaria, es ese cambio de paradigma en cuanto al futuro. La mayoría de los colombianos, que no hacemos planes a más de un año, ya nos estamos preparando para las justas mundialistas de Rusia 2018. Esa visión es la que necesitamos en todos los ámbitos de nuestra vida para seguir construyendo un país que crece y se desarrolla.

Y somos los empresarios los llamados a incentivar esas visiones en nuestros entorno: los colaboradores, los proveedores, los clientes y las familias. Sólo de esa manera se podrán realizar inversiones de largo plazo, con proyecciones serias y comprometidas. Es cierto que en el mundo actual muchas cosas cambian todos los días, pero cuando se tiene una visión inspiradora de lo que podemos llegar a ser simplemente se ajustan los planes y las metas se mantienen firmes.

En la base de todo está la pasión. Esa increíble energía que todos vimos brotarle por los poros a James Rodríguez y a Mario Alberto Yepes, quienes lo dejaron todo en la cancha, incluso las lágrimas. Es esa fuerza que nace del corazón la que logra cosas grandes y concreta sueños que parecían imposibles.

Ahora viene lo más importante: seguir trabajando en este proyecto de selección que por fin nos unió a todos. La meta es de largo aliento, sólo de esa forma se puede llegar a ocupar un lugar entre los grandes. Y los empresarios así lo debemos entender. No son cinco, diez, ni quince años de esfuerzos.

Muchas veces para sentir que hemos cumplido se requieren 30 o 40 años de trabajo, con pasión y con el mismo compromiso del primer día.  En el mundo de los negocios la carrera no es de velocidad, es de resistencia. Aquí no sobrevive quien gana en los cien metros, se consolida el que logra correr la maratón. Y para lograrlo hay que entrenar mucho, fracasar, levantarse y volver a la competencia.