domingo, 25 de noviembre de 2012

A cuidar la máquina


Los empresarios tenemos una fuerte tendencia a ser trabajo adictos. De hecho, tengo la pésima costumbre de trabajar sábados y domingos, al menos un par de horas cada día, cuando llegan materiales para revisar o tengo correos pendientes por responder. Y eso que he mejorado muchísimo en este aspecto. Hace diez años, cuando recién empezaba mi primer emprendimiento me dediqué a él 7X24. Sábados y domingos eran días de trabajo de ocho y hasta diez horas diarias. Mi hijo, que entonces apenas tenía cinco años, jugaba a mi lado mientras yo realizaba reuniones o almuerzos de trabajo.

En cuestión de meses mi excesiva dedicación me pasó la cuenta de cobro. En una revisión de rutina con el médico se detectó el riesgo de un cáncer. Apesadumbrada y muy asustada ante la perspectiva de dejar a mi hijo huérfano no pude dormir durante los cinco días que se demoraron los resultados de laboratorio que darían el veredicto. Las oraciones y la divina providencia permitieron que las noticias fueran muy buenas. El primer diagnóstico estaba errado y yo simplemente debía someterme a un tratamiento sencillo. Pero el médico me lo advirtió: si yo no le bajaba el ritmo al trabajo y me inventaba actividades agradables para manejar el estrés otras enfermedades podían aparecer.

A partir de entonces entendí que nada justificaba sacrificar las actividades que nos hacen felices y nos brindan satisfacción personal: ver una buena película, llevar a nuestros hijos al parque o simplemente dar una caminata por un parque pueden hacer mucho por nosotros. Además, he comprobado que después de una buena desconectada me siento mucho más creativa y lista para la acción. También adopté la buena costumbre de hacerme chequeos generales cada año.

Nada es tan importante que nos impida hacernos el mantenimiento que nos merecemos pues hasta ahora no se han inventado el primer equipo que no requiera de revisión y ajustes durante su vida útil.  Aprovechemos que este 2012 empieza a languidecer para hablar con nuestro cuerpo y preguntarle cómo se siente. Seguramente tendrá mucho qué decirnos, y nosotros podremos tomar acciones para darle lo que pide, nos lo agradecerá mucho...y nuestra empresa también.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Con los crespos hechos


Por lo menos 500 de los cacaos más importantes del país se quedaron con las ganas de escuchar al Ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díaz Granados, hablar sobre las perspectivas de política industrial del Gobierno en el marco de la presentación del informe de Competitividad 2012-2013. En su lugar, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, inició su intervención preguntándose ¿qué hacía sentado en un foro sobre competitividad?

La respuesta, afortunadamente, tenía mucho sentido: buena parte de la política industrial de este Gobierno se ha hecho desde lo tributario.  El Mincomercio, entre tanto, se fue a Cali a encontrarse con sus colegas del Congreso en un debate sobre el TLC con la Unión Europea, que no tuvo mayores repercusiones mediáticas. El compromiso debía ser de marca mayor, pues no muchos se dan el lujo de ‘dejar metidos’ a los presidentes y voceros de las empresas que generan el 70% del PIB de Colombia.

Señor Ministro, se perdió usted de uno de los debates más interesantes que se haya visto sobre el tema de política empresarial, una razón era el peso de los invitados: los ex ministros de hacienda Rudolf Hommes y Guillermo Perry, el presidente de Carvajal, Ricardo Obregón y Dany Rodrick.

Primera conclusión, del ex ministro Hommes: “Con el estilo actual de Gobierno no vamos a lograr ningún cambio estructural y el primer gran esfuerzo se va a tener que enfocar en mejorar el sector gobierno”.

Segunda conclusión, de Ricardo Obregón: “Los empresarios deben poner la productividad en sus agendas, restructurar sus negocios y trasladarse hacia los puertos si quieren ser competitivos”.

Tercera conclusión, de Ricardo Obregón: “El gobierno tiene que ser efectivo en su acompañamiento para combatir la competencia desleal, mejorar con agilidad la infraestructura, darle prioridad a la educación como una política de estado y evitar que se nos sigan pasando años valiosos sin grandes avances”.

Cuarta conclusión, de Guillermo Perry: “Cambiar la estructura de financiación de parafiscales es un acierto, pero hay que incluir en ese paquete a las Cajas de Compensación Familiar. Es clave no castigar a quienes generan más empleo con más impuestos, pero sí empezar a recibir más de quienes generan más utilidades pero menos empleo”.

El presidente Santos sí llegó pero hizo uno de los discursos más improvisados de los que se tenga noticia. Él mismo lo anunció al inicio, cuando advirtió que iba a tener una charla más bien desordenada. Y vaya que la tuvo. Sinceramente no entendí el mensaje. Se supone que esta es la cumbre empresarial más importante del país, en donde se evalúa cómo van los compromisos del Gobierno con el tema de competitividad.

Pero fue lamentable la presentación del primer mandatario y, peor aún, que su ministro responsable de las políticas empresariales se hubiera marchado sin pena ni gloria me dejó un sinsabor bastante incómodo. ¿Qué estarán pensando hoy líderes de la talla de Luis Fernando Peláez (Sofasa), Ricardo Obregón (Carvajal), David Bojanini (Sura) entre los muchos otros que sacaron de sus apretadas agendas esas 6 horas para hablar sobre un tema tan importante como la competitividad?


domingo, 4 de noviembre de 2012

Cómo extraño a Pizano


Hace tanto que ya ni recuerdo en qué año conocí a Eduardo Pizano, pero creo que fue cuando fungía como Ministro de Desarrollo Económico (no de Comercio). Nos vimos por primera vez una tarde en la que me invitó a visitar a varios empresarios de calzado del Restrepo, en el sur de Bogotá. Con ese talante sencillo que lo ha caracterizado, llegó a la sede de la Cámara de Comercio del sector y sin pretensiones ministeriales conversó de tú a tú con más de 40 personas que lo aguardaban. Hablaron de todo: los problemas que afrontaban, sus necesidades cotidianas y sus objetivos.

No fue ese el único ‘viaje’ que Pizano hizo a los sectores industriales de Bogotá. En compañía de quien en su momento era su mano derecha en materia de mipyme, Alejandra Ospitia, se dedicó a conocer a fondo la realidad de este segmento empresarial. Y sin duda alguna, ayudó a cocinar lo que luego se convirtió en la Ley Mipyme (Ley 590 de 2000) que se sancionó con la firma de Jaime Alberto Cabal.

Pero no sólo extraño a Pizano. Añoro los días en que el Ministerio era el de Desarrollo Económico y no el de Comercio, Industria y Turismo. De lo que sí no me acuerdo es de quién tuvo la brillante idea de cambiarle el nombre a la entidad antes de tiempo. Puede sonar a cantaleta pero el día que decidieron que el énfasis del ministro iba a estar primero en Comercio se fue al traste el tema de la industria. El turismo se salvó, afortunadamente, porque el actual jefe de la cartera viene del gremio de las agencias de viajes (fue presidente de Anato durante un tiempo) y conoce al dedillo el potencial del país en esta materia así como sus limitaciones.

A mí me sonaba mucho mejor lo de Desarrollo Económico, tenía mucha más integralidad, más sentido de pertenencia y menos urgencia mercantilista. Bien lo dice la ex ministra Martha Lucía Ramírez, en la próxima edición de la revista Misiónpyme, que en Colombia muchas cosas las hacemos al revés pues mientras en los países más competitivos a nivel mundial primero fortalecieron su industria, su infraestructura y su educación, para luego salir a suscribir los tratados de libre comercio a nosotros nos dio la urgencia por firma primero y ponernos a correr a ver cómo vamos a ponerle la cara a la competencia, y a las oportunidades también.

Ese es el resultado de tener ahora un ministerio de Comercio, en lugar de uno que se preocupe más bien por el Desarrollo Económico.  A ver si a punta de petróleo y carbón vamos a lograr un desarrollo realmente integral.