domingo, 24 de enero de 2016

Mejor ocupado que preocupado


Dicen que existen dos tipos de miedos: el que paraliza y el que moviliza. Infortunadamente, parece que a la mayoría de los seres humanos nos afecta el miedo paralizante. En este orden de ideas quiero recomendarles a los empresarios que por favor no se asusten frente a las noticias que a diario escuchamos sobre la debacle económica que se avecina.

Pero no se trata de hacer oídos sordos a las catastróficas predicciones de expertos locales e internacionales. Creo que ya ha corrido suficiente tinta sobre los riesgos que enfrenta nuestra economía, pero si continuamos escuchando más noticias miedosas nos vamos a quedar definitivamente paralizados esperando que llegue ese tsunami económico.

No les voy a recordar las múltiples variables que están conformando este peligroso coctel. Quizás lo único positivo es que esta vez la construcción seguirá adelante como política contracíclica del Gobierno, y esperamos que la desaceleración no golpee el empleo al punto de afectar la cartera hipotecaria que se ha conformado en los últimos años de Mi Casa Ya.

¿Ya reviso su estructura de costos? ¿Evaluó los precios que paga por su materia prima? ¿Tiene claros los valores agregados de sus proveedores? ¿Tiene concentrado su mercado en una sola región? ¿Ha planeado tener productos para diversos segmentos de consumidores? ¿Tiene bien evaluadas las inversiones y el costo del endeudamiento este 2016?


Más que lamentarnos por lo que se acerca, mejor formulémonos las preguntas adecuadas o poderosas que podrían marcar la diferencia entre sucumbir cuando la crisis arrecie o mantenernos e incluso crecer en medio de la tormenta. Alguna vez uno de los diversos consultores con los que he trabajado me explicó el significado de preocuparse: aquel estado de ánimo que aparece antes de ocuparse de un asunto complejo. Y me dio la mejor receta para evitar las preocupaciones: Ocúpese cuanto antes de la situación antes de que le atormente.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Prepárate para afilar la sierra

 En pocos días se iniciarán las festividades de fin de año. Estas fechas son propicias para que, como recomendaba Stephen Covey, afilemos la sierra: afiancemos nuestras relaciones familiares, disfrutemos de un descanso mental, realicemos actividades físicas agradables y saludables, y revisemos nuestros hábitos de alimentación. En lugar del trago, el trasnocho y las comilonas desaforadas, la navidad y el año nuevo deben ser espacios para la renovación personal.

¿Suena muy zen esta propuesta? Seguramente para muchos así va a ser, pero es increíble cómo muchas personas regresan de sus vacaciones navideñas con más culpas que satisfacciones. Dos o tres kilos de más, guayabo, malestar estomacal y hasta discusiones con los más allegados suelen ser los desastrosos resultados de un falso disfrute. En lugar de aprovechar esos espacios de disfrute íntimo, nos encargamos muchas veces de llenar nuestras mentes de ruido y desenfreno.

Por otra parte, es indudable que todos los seres vivos requieren de apertura y cierres de ciclos y un cambio de año es el momento ideal para realizar este tipo de procesos. Después del invierno llega la primavera, luego el verano y el otoño. Todos tenemos ciclos, que nos ayudan a evolucionar. La quema del tradicional año viejo es el ejemplo perfecto del ritual de cierre, pero no se necesita robarle la ropa al abuelo y ponerle una mecha de trapeador.

Seguramente bastará con hacer consciencia sobre lo que hemos hecho para mejorar nuestra vida, la de nuestra familia, nuestros empleados, compañeros y nuestro país. También tendremos que reflexionar sobre los errores cometidos, aquellos comportamientos que no contribuyen a nuestro crecimiento personal.


El 2016 será un año con muchos retos en materia económica, así que conviene llegar descansado, con una mente dispuesta a los cambios, con actitud positiva y proactiva. Afilemos la sierra y comprometámonos a contribuir para que muchos tengan más oportunidades de mejorar su calidad de vida, incluidos nosotros.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

¿Cómo anda su fe?

Hace algunas semanas entrevisté al nuevo alcalde de Cali, Maurice Armitage. Me sorprendió su energía, la vitalidad que irradia a sus 70 años y el convencimiento de que es posible hacer grandes cosas por el progreso de la ciudad. Previamente investigué sobre su vida y una de sus frases me dejó pensando mucho. Contó sus inicios con la compra de una sociedad en quiebra, que luego se transformó en la Siderúrgica de Occidente (Sidoc). En conjunto con el hermano de Augusto López (ex Bavaria)  pusieron la plata para esa iniciativa, que fue luchada y en la que al cabo de un tiempo “el socio perdió la fe” y se retiró.
Fue esa frase la que, precisamente, me movió el piso porque hacer empresa realmente es un acto de fe, aquí y en cualquier lugar del mundo. Pero va mucho más allá. Es la capacidad de creer en lo que uno hace, de ver un futuro positivo como resultado a nuestros esfuerzos. Es tener la fortaleza mental para levantarse cada día convencido de que se van a lograr las metas, aunque sean peldaño a peldaño. 
Por eso no resulta extraño preguntarse ¿cómo anda mi fe en mi emprendimiento? Tener fe cuando todo marcha bien es sencillo: los clientes compran, hay plata en el banco, los planes marchan. Pero ¿qué tan fácil es mantener la fe cuando las cosas van en contra? Es claro que las empresas viven ciclos, como todo organismo vivo. Y en esos ciclos es cuando la fe genera la fuerza necesaria para continuar adelante. Reinventarse, evaluar el camino y actuar es parte de ese proceso. 
Pero el ingrediente principal sin duda alguna es la fe: ¿de verdad estamos comprometidos con nuestro proyecto empresarial?¿es esencial para cumplir con nuestras metas de vida?¿creemos en lo que hacemos?¿estamos cumpliendo con un propósito más allá de generar nuestros ingresos para vivir? 
Ya que estamos ad portas del cierre de año bien vale la pena que nos preguntemos ¿Cómo anda nuestra fe por estos días?


martes, 22 de septiembre de 2015

¿A usted quién lo influencia?

En el proceso de toma de decisiones de compra siempre se identifican los influenciadores, aquellas personas cuyas opiniones determina si se adquiere o no un producto o servicio. Y con el boom de las redes sociales y los medios digitales este rol ha tomado mucha fuerza, hasta el punto que hoy estos ‘influenciadores de la web’ reciben pagos por decirnos qué comprar, cuándo y cómo.

Hasta la fecha, no he encontrado el primer influenciador que me lleve, de manera ciega e irracional, a desear un producto o a comprar un servicio. Y creo que entre los gerentes de pequeñas y medianas empresas eso va a estar difícil. En este grupo de empresas la decisión de gasto tiene ciertas particularidades. Para que un gerente de pyme le crea a un tercero primero tiene que respetarlo, conocer su trayectoria y evaluar qué tan sincero es con su referencia.

Cada peso cuenta en nuestras empresas, y cada movimiento, por pequeño que parezca, genera una serie de consecuencias que nos llevan a meditar muy seriamente algunos temas, quizás más de la cuenta. Por eso no es raro escuchar quejas de ciertos distribuidores de tecnología o telecomunicaciones por el alto grado de dificultad que enfrentan cuando deben justificar ante un cliente pyme el producto o servicio que otorgan.

Una pyme no compra a punta de carreta. Es la verdad. Pero si hay evidencia detrás, es probable que ese gerente pare oreja. Lo más seguro es que empiece con una pequeña investigación, que delega a su mano derecha (la secretaria de confianza o el comercial que lo acompaña desde hace varios años). Ellos serán los encargados de validar si lo que el proveedor dice es cierto o no. Así que, señores influenciadores, prepárense para hablarle a esas manos derechas como corresponde, con argumentos, cifras y ejemplos claros.

 Y no se olviden del lenguaje. Los millenials todavía no arrasan en las pymes colombianas, y aunque ya van llegando aún no han conquistado la confianza de sus jefes, que los ven con cierto grado de curiosidad e interés porque encaran el reto de las nuevas generaciones de clientes. Así que pongan los pies sobre la tierra y empiecen a planear cómo será su estrategia de influencia porque la carreta solita se les va a quedar corta.



lunes, 14 de septiembre de 2015

¡Chao intermediarios!

Si algo ha removido los cimientos del mundo de los negocios es la tecnología, que llegó primero disfrazada de burbuja e ilusionó a millones con la idea de volverlos millonarios con iniciativas basadas en proyecciones y sueños. Pero ni siquiera el desplome de las punto com le quitó fuerza. Con el transcurrir de los años, la tecnología ha mostrado su verdadero poder: servir al ciudadano del común para acercarlo a bienes y servicios prescindiendo de intermediarios que toda la vida se lucraron ejerciendo esta función, muchas veces sin agregar verdadero valor.

Muy pocos sectores pueden sentirse a salvo del remezón de la tecnología. El sector financiero está temblando frente a los sistemas transaccionales basados en redes sociales, los intermediarios y agencias de seguros se enfrentan a la venta automatizada de soluciones a través de la web y de kioscos virtuales, los medios de comunicación tradicionales achican sus salas de redacción para sobrevivir a la fuga de pauta publicitaria hacia los medios digitales, las empresas de transporte de pasajeros se revuelcan frente al arraigo que generan soluciones como Uber. Y la lista podría seguir.

Sistemas como Netflix y Spotify  se han encargado de cambiar el modelo de negocio de la música, la televisión y, en general, del entretenimiento. Sin intermediarios, sin publicidad, sin pausas y respondiendo a los gustos de cada usuario. Así de fácil. Las compañías de televisión, los canales privados, las disqueras, todos están en medio de este huracán.

¿Alguien en su casa piensa en llamar por un fijo? A menos que sea estrictamente necesario tener que hablar, el famoso teléfono de la casa no se levanta durante días porque ya existe Skype, Google Talk y las llamadas de Whatsapp. La tendencia es tan fuerte que ahora sí las empresas de telecomunicaciones le ‘regalan’ telefonía local ilimitada por 9 mil pesos mensuales. Pero lo más evidente es que el nuevo consumidor prefiere chatear que conversar, por eso bajan los paquetes mensuales de minutos de telefonía celular.


¿Cómo está cambiando su negocio la tecnología? Si aún piensa que su empresa no va a sentir ese látigo se equivoca. Tarde o temprano un competidor, o un sustituto empezará a pisarle los talones, así que invierta un poco de su tiempo en proyectar por dónde puede entrar la tecnología a su negocio. Sea proactivo, anticípese al golpe y póngalo a su favor antes de pasar a ser un espécimen de antiguo origen, que se quedó en la economía del siglo pasado y no tuvo la capacidad de evolucionar.

domingo, 23 de agosto de 2015

Porque no soy el target

Durante varios años en mi familia consumimos el yogurt de una importante empresa colombiana. Pero empecé a notar que las botellas empezaban a quedarse casi llenas en la nevera así que un buen día dejé de comprarlas a ver si alguien protestaba en casa. Pero nadie se quejó, así que ese producto salió de mi canasta familiar habitual. Pensé que simplemente se habían cansado de tomarlo hasta que mi hijo, que en ese momento tenía 14 años me dijo, “mami, no vuelvas a traer ese yogurt, es muy dulce”.

Casualmente, durante dos años tuve como compañero de clases a un alto ejecutivo de esa empresa de lácteos, quien era el responsable de los temas comerciales. Una tarde, durante un receso, me acerqué y le dije: “¿Ustedes no han pensado en bajarle el azúcar a los productos que hacen?”. El hombre me miró con ojos de pena, e indagó el motivo de mi pregunta. Sin grandes adornos le conté la experiencia, y le dije que realmente el sabor de sus yogures era tan dulce que yo ni lo probaba.

Con una risita medio sarcástica, como quien mira a un pobre pelagatos que no sabe de lo que habla, me respondió que nunca habían tenido problemas en los focus group con el tema del azúcar y que no era un tema importante para su empresa, además yo no era su target. Me quedé plop: Si una madre cabeza de familia, profesional que trabaja no lo era, entonces ¿quiénes eran su target?

Allí quedó la cosa, yo dejé de ser cliente de ellos y continuamos nuestra vida corriente sin el famoso yogurt. Lo más curioso es que me he topado con al menos 10 personas en estos últimos cuatro años con las que hemos discutido sobre el excesivo dulce de ese producto y en todos los casos, la decisión ha sido abandonar el consumo. Supongo que ninguna de esas familias, todas compuestas por profesionales con hijos en edad escolar, tampoco eran parte del famoso target.

No es un secreto que el exceso de azúcar en diversos alimentos se ha convertido en un dolor de cabeza para los sistemas de salud en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos, en donde la obesidad es un asunto catastrófico. Diabetes, hipertensión, hipoglicemia y otras dolencias han sido asociadas a la dieta gringa rica en productos azucarados. De hecho, durante los viajes que he realizado a ese país he pasado muchos trabajos buscando un desayuno saludable, libre de donuts, roscas y pastelillos chorreantes de salsas dulces.

Personalmente, hace años que reduje el consumo de azúcar a su mínima expresión, saqué las bebidas de cola de mi alimentación cotidiana y nunca le he dado a mi hija pequeña un ‘jugo’ de cajita porque al leer las etiquetas entendí que en realidad son aguas saborizadas y llenas de dulce, con un mínimo contenido de fruta (si es que la tienen).

Por eso me dio mucha alegría la propuesta que surgió hace algunas semanas de imponer un tributo extra a los productos o bebidas azucaradas (gaseosas, según entendí). Y aunque no se ha vuelto a saber nada del proyecto de ley, sí estoy convencida de que debe estarse dando un tremendo lobby por parte de las multinacionales y grandes compañías locales que manufacturan estas bebidas  para evitar que se apruebe esa iniciativa.

Ojalá en el Congreso tomen conciencia del gran daño que el consumo excesivo de este tipo de ‘alimentos’ ocasiona en la salud de la gente y de la ignorancia que hay sobre el verdadero contenido de los ‘jugos’ envasados. Es más, estoy convencida de que los colegios deberían impedir la venta de estas bebidas en sus tiendas, así como de las famosos leches saborizadas que no son otra cosa que un montón de dulce líquido pues varios estudios internacionales han asociado la hiperactividad y el déficit de atención al consumo de alimentos azucarados.

¿Tiene alguna duda de esta última afirmación? Basta con que recuerde el último cumpleaños de su hijo o de un amiguito al que le hicieron fiesta, seguramente les dieron torta llena de dulce, gaseosas o jugos de cajita, gomitas o masmelos y perro caliente. ¿No notó que después de un par de horas la fiestica se convirtió en un tremendo relajo? ¿Los chiquitines empezaron a correr como almas en pena, se accidentaron y agredieron a sus compañeros?

Yo viví un par de esas fiestas, y en la última uno de los amigos de mi hijo mordió fuertemente a una de las recreadoras que estaba organizando las actividades. Ese día se le acabaron las fiestas de cumpleaños a mi hijo. Y yo también tomé la decisión de bajarle el nivel de azúcar a mi familia, mi esposo se queja de las aromáticas simplonas, y al jugo hay que ponerle un poco de dulce porque si no habría un motín, pero no volvieron a entrar en mi nevera yogures, helados ni otros alimentos extra endulzados de este tipo.

Y ahora ruego para que el famoso impuesto se haga legal a ver si los ‘expertos’ de la industria alimenticia entienden que las tendencias de consumo claramente muestran que se debe reducir el nivel de azúcar en alimentos y bebidas, aunque sus ‘focus group’ digan otra cosa.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Disfrutar el camino

Durante muchos años he meditado sobre el verdadero significado de la frase que habla sobre disfrutar cada momento de nuestro camino, en lugar de sufrir por no alcanzar pronto las metas. Tengo claro que en el mundo de los negocios los objetivos son un propósito para guiar nuestros planes, pero muchas veces se convierten en una obsesión que no nos permite evaluar el proceso.

¿Qué hemos aprendido en cada momento de nuestra vida personal y empresarial? En muchas ocasiones me he dado cuenta del intenso estrés que me provocaba guiarme únicamente por los objetivos o metas y olvidarme del presente, del momento que estaba viviendo. Y tengo clara esa sensación de montaña rusa con la que conviví durante varios años. Parecía que cada semana o mes me bajaba de ese viaje, unas veces dichosa y otras más bien enferma.

Tengo claro que me falta mucho ‘pelo pa moño’, como dicen coloquialmente algunos, pero creo que en los últimos años he ido superando esa manía de pensar solo en el futuro y olvidarme de lo que estaba viviendo en el presente. Dejé pasar gente muy valiosa a la que tal vez no le reconocí sus logros, o no motivé de la forma adecuada, simplemente por esperar a que alcanzaran una meta fijada.

También desperdicié la oportunidad de construir relaciones de mucho valor, que habrían requerido de más tiempo para ser trabajadas, por concentrarme en las acciones que me conducirían al logro de los objetivos. Pero lo más grave fue que pocas veces medité sobre los errores y aciertos que me habían llevado a diversos puntos en mi camino, a los difíciles y a los gloriosos.

Ahora empiezo a entender que cada momento vivido me ha dejado una huella, una gran lección que me he comprometido a aprender partiendo de un primer análisis, de vivir intensamente esa sensación de estar presente, en lugar de fugarme hacia los ideales de un futuro por demás incierto.

Nadie tiene escrito el futuro, es probable que tengamos que hacer innumerables variaciones al plan original, pero si no nos obsesionamos con llegar a la meta sino que nos ajustamos al disfrute de cada paso seguramente podremos vivir esta experiencia de emprender de una manera más positiva, con menos angustias, con más salud, y a la larga con mejores resultados, aunque no sean los que nos habíamos planteado inicialmente.