miércoles, 8 de abril de 2015

Trabajo vs Felicidad

Ahora que la felicidad está de moda, tanto que hasta en Harvard dictan un curso  sobre el tema y es uno de los que más acogida tienen por parte de los altos ejecutivos, bien vale la pena que nos cuestionemos qué significa para nosotros ser feliz y cómo podemos vivir ese sentimiento cada día de nuestra vida.

Me causa inquietud que en los últimos años la infelicidad se asocia de manera permanente al trabajo, como si el hecho de realizar una labor para vivir nos estuviera mutilando emocionalmente. Y, en mi caso, el trabajo ha sido una fuente más de felicidad y de reafirmación personal pero no la única. Por eso me preocupa que cunda esta idea loca de que trabajar es una maldición que mata la alegría de vivir.

Gracias a mi trabajo he desarrollado muchas habilidades personales, he conocido personas valiosas, he compartido con tantas otras que me han generado grandes aprendizajes, he conocido muchos lugares y he entendido cómo la sociedad del conocimiento nos impulsa cada día a evolucionar, creo que la labor que he desarrollado ha sido un vehículo perfecto para ser mejor persona. Para mí trabajar es una fuente permanente de felicidad, a pesar de los tropiezos y de los retos que a diario nos resultan.

¿Quién no tiene dificultades en la vida? Todos enfrentamos circunstancias que nos miden la gasolina. Hace unos años me sentía morir, entraba en depresión y experimentaba angustia cuando un negocio o varios no salían como esperaba. Podía pasar semanas ahogada en la desazón de la incertidumbre. Ahora también me da estrés que mis planes no salgan en el momento que esperaba, pero lo asumo con una actitud más pedagógica, con el ánimo de aprender.  Y siempre pienso en lo peor que podría pasar, en esos escenarios mis valores me elevan por encima de la eventual desgracia y termino dando gracias porque son más las experiencias positivas que experimento en cada momento.

Tener trabajo es una bendición, y así se trate de un cargo directivo o de cavar tumbas, el simple hecho de contribuir con un servicio nos debe dar elementos para levantarnos cada día felices. No es sencillo, lo reconozco. Cuando estaba muy joven tendía a buscar nuevas opciones de empleo cuando percibía que empezaba a aburrirme con lo que hacía. Con los años entendí que el problema era mi actitud, en lugar de automotivarme para ver cada día como una oportunidad de mejorar e innovar me anclaba en la rutina y dejaba de luchar. Entonces creía que la clave estaba en cambiar de escenario y de reparto, pero al final me volvía a pasar lo mismo, me aburría al cabo de tres o cuatro años.

Hoy veo las cosas de una manera diferente, gracias a Dios, porque de lo contrario hasta el matrimonio estaría condenado a terminarse ¿o acaso hay una actividad más rutinaria que vivir todos los días con la misma persona a la que conocemos en sus más íntimos secretos? Con ello no quiero decir que se haya superado el riesgo de aburrimiento (por el cual muchos y muchas terminan en relaciones extramaritales que dan al traste con familias hermosas).


Todos los días tenemos la responsabilidad de ser felices, de imponernos nuevos retos, de superar nuestras fallas, de pedir perdón y de perdonarnos a nosotros mismos cuando nos equivocamos. Al fin de cuentas, somos humanos.

lunes, 16 de febrero de 2015

Y ahora ¿quién podrá defendernos?

Las expectativas de los agentes económicos es uno de los factores que más afecta el desempeño de las economías. De ahí que el Gobierno se muestre cauto con respecto a las perspectivas de este año y del 2016, ya que una alarma generalizada afectará las decisiones de consumo e inversión de empresas y personas naturales.

Sin embargo, es claro que la caída en los ingresos de Ecopetrol y otras petroleras, por cuenta de la reducción dramática en el precio del barril de crudo, va a ser un tremendo golpe a la inversión del Estado. Infortunadamente, no se aprovechó la época de vacas gordas para impulsar a fondo los proyectos de infraestructura y otras reformas estructurales que permitieran mejorar la competitividad del país.

En este nuevo panorama, se orientan las miradas hacia la industria y los servicios como los salvadores de los números. Y allí, como lo dijo el director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, la semana pasada en un Foro sobre perspectivas, el gran pecado del país es que no hay muchas opciones de reemplazar los grandes ingresos de los commodities porque nuestras exportaciones no tradicionales son muy pequeñas y vienen cayendo.

La estructura comercial de una economía no se cambia de la noche a la mañana, y eso lo sabía este Gobierno desde que asumió las riendas. En primer término, el cambio de mentalidad de una enfocada en el mercado local a una internacional toma años de trabajo. ¿Si las grandes empresas dudan en acometer planes exportadores podemos culpar a una pyme por no atreverse a asumir este tipo de riesgos?

Por otra parte, está el recrudecimiento de la delincuencia común y la microextorsión en todas las regiones del país. Bandas al margen de la ley son el azote de tenderos y comerciantes en pueblos y ciudades.


Es clave que el Gobierno deje de ampararse en las cifras macro, que nos salvan de los tristes resultados latinoamericanos, y empiece a revisar en lo micro cómo impulsar los resultados de la economía, generando un ambiente de seguridad para los empresarios de todos los tamaños, promoviendo en serio las apuestas productivas regionales e invirtiendo en la generación de mentalidad exportadora.

domingo, 1 de febrero de 2015

¿Dinosaurio yo?

En mi editorial de este mes, en la revista MisiónPyme, me refiero al fenómeno que está alterando el orden de los negocios: la tecnología de información y comunicaciones. Basta con ver el impacto de Tappsi y Uber sobre el transporte de pasajeros, o la crisis que vive la industria gráfica por cuenta de estos avances. Así que vale la pena preguntarse ¿será que somos dinosaurios? ¿Estamos preparados para los efectos de este meteorito de los negocios?

Hace algunos años un consultor experto en pyme aseguraba que quizás los mejor que nos podía pasar era ser cucarachas, pues según muchos, es el único animalito que sobreviviría a un ataque nuclear.

Pero no lo pongamos tan dramático; en diciembre fui testigo de la capacidad de resilencia de estos bichos, que en lo personal me parecen de lo más desagradable. Pasando las vacaciones en tierra caliente, en donde abundan estos insectos, mi hija menor se acercó a una cucaracha que su papá acababa de pisar con todo el impulso de sus 75 kilogramos de peso.

El bicho yacía patas arriba, aparentemente inerte, pero al cabo de pocos segundos dio un tremendo brinco y se volteó arrancando en veloz carrera en busca de un refugio. Fue tal el susto de todos frente a semejante reacción que sólo pegamos un grito y corrimos en dirección contraria. ¡La cucaracha demostró su poder!


Bueno, tenemos mucho que aprender de ellas, quizás para nuestros negocios es mejor ser pequeño, ligero, ágil y decidido que grande, lento y pesado. De esa manera, podremos adaptarnos más rápido cuando el impacto de este meteorito termine de aniquilar a las especies que no lograron evolucionar a tiempo.

domingo, 18 de enero de 2015

Seamos proactivos

Prepararse para lo peor, esperando que pase lo mejor. Ese debe ser el lema de los empresarios para este 2015 y el 2016, ya que las perspectivas macroeconómicas del país lucen preocupantes según los principales analistas de Colombia. Pero más allá de asustarnos, la actitud debe ser la de anticiparnos: analizar muy bien la estructura de costos operacionales, evaluar el capital de trabajo con el que contamos y anticipar lo que podría pasar en el negocio de nuestros clientes.

La verdad es que un análisis realizado a una muestra de 180 empresas que participaron en los Premio Gacela nos permitió identificar que hay grandes oportunidades de mejora en las mayoría de nuestras pyme. Lo preocupante es que, al parecer, los empresarios no son conscientes de sus debilidades, ya que se inscribieron en el Premio estimando que contaban con la calidad suficiente para optar por el galardón.

Pero la realidad es otra. Sin entrar en el terreno del pesimismo, debemos empezar a manejar una visión más realista de nuestras circunstancias. ¿es nuestra utilidad neta la necesaria para garantizar el crecimiento del negocio? ¿tenemos un buen control de los costos y gastos operacionales? ¿estamos anticipando posibles problemas de caja o financiación? ¿está el endeudamiento bajo control y en niveles financieramente saludables?

Otra situación que percibimos es que muchas empresas tienen un crecimiento orgánico, nada extraordinario, pero sus indicadores financieros muestran un deterioro progresivo de su situación. Esto puede mostrar que los clientes comienzan a perder interés en nuestros productos o servicios, o que el sector se encuentra en un momento de cambio estructural muy fuerte, o que la competencia nos está ganando el pulso.

Las dificultades son oportunidades para anticiparnos a los cambios, para innovar y para mantenernos vigentes, y con toda seguridad vienen tiempos que nos exigirán ser mucho más creativos.


lunes, 12 de enero de 2015

El año de la verdad

 El 2015 será el año en que se demostrará qué tan sólida es la estrategia del Gobierno para generar crecimiento. Ya no habrá bonanza petrolera, el boom constructor se habrá moderado y la reforma tributaria tendrá atenazados a muchos de los principales generadores de empleo del país ¿será que el ministro Cárdenas hace gala de sus premios como mejor ministro de Hacienda?

Recientemente dijo que esperaba que la industria, el comercio y los servicios movieran la economía. Tan solo hay que esperar un trimestre para saber si esto realmente pasará o tendremos que amarrarnos los cinturones para un descenso peligroso.

Pero el asunto no es sólo de crecimiento, porque en materia de estadística parece que las cifras van por un lado pero la realidad por otra. También hay que trabajar en condiciones de entorno críticas: menos corrupción, más justicia y menos inseguridad.


El país clama por una justicia digna y por una estrategia de seguridad ciudadana más efectiva. La eficiencia no solo debe beneficiar a los que pueden pagar por ella, debe ser para todos. Sólo en esas condiciones podremos los colombianos sentir que vale la pena trabajar por una nueva Colombia y que no se trata sólo de conseguirle Premios a un Gobierno que se especializó en ser la Miss Universo de la economía cuando sus fundamentales siguen enredados.