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domingo, 23 de agosto de 2015

Porque no soy el target

Durante varios años en mi familia consumimos el yogurt de una importante empresa colombiana. Pero empecé a notar que las botellas empezaban a quedarse casi llenas en la nevera así que un buen día dejé de comprarlas a ver si alguien protestaba en casa. Pero nadie se quejó, así que ese producto salió de mi canasta familiar habitual. Pensé que simplemente se habían cansado de tomarlo hasta que mi hijo, que en ese momento tenía 14 años me dijo, “mami, no vuelvas a traer ese yogurt, es muy dulce”.

Casualmente, durante dos años tuve como compañero de clases a un alto ejecutivo de esa empresa de lácteos, quien era el responsable de los temas comerciales. Una tarde, durante un receso, me acerqué y le dije: “¿Ustedes no han pensado en bajarle el azúcar a los productos que hacen?”. El hombre me miró con ojos de pena, e indagó el motivo de mi pregunta. Sin grandes adornos le conté la experiencia, y le dije que realmente el sabor de sus yogures era tan dulce que yo ni lo probaba.

Con una risita medio sarcástica, como quien mira a un pobre pelagatos que no sabe de lo que habla, me respondió que nunca habían tenido problemas en los focus group con el tema del azúcar y que no era un tema importante para su empresa, además yo no era su target. Me quedé plop: Si una madre cabeza de familia, profesional que trabaja no lo era, entonces ¿quiénes eran su target?

Allí quedó la cosa, yo dejé de ser cliente de ellos y continuamos nuestra vida corriente sin el famoso yogurt. Lo más curioso es que me he topado con al menos 10 personas en estos últimos cuatro años con las que hemos discutido sobre el excesivo dulce de ese producto y en todos los casos, la decisión ha sido abandonar el consumo. Supongo que ninguna de esas familias, todas compuestas por profesionales con hijos en edad escolar, tampoco eran parte del famoso target.

No es un secreto que el exceso de azúcar en diversos alimentos se ha convertido en un dolor de cabeza para los sistemas de salud en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos, en donde la obesidad es un asunto catastrófico. Diabetes, hipertensión, hipoglicemia y otras dolencias han sido asociadas a la dieta gringa rica en productos azucarados. De hecho, durante los viajes que he realizado a ese país he pasado muchos trabajos buscando un desayuno saludable, libre de donuts, roscas y pastelillos chorreantes de salsas dulces.

Personalmente, hace años que reduje el consumo de azúcar a su mínima expresión, saqué las bebidas de cola de mi alimentación cotidiana y nunca le he dado a mi hija pequeña un ‘jugo’ de cajita porque al leer las etiquetas entendí que en realidad son aguas saborizadas y llenas de dulce, con un mínimo contenido de fruta (si es que la tienen).

Por eso me dio mucha alegría la propuesta que surgió hace algunas semanas de imponer un tributo extra a los productos o bebidas azucaradas (gaseosas, según entendí). Y aunque no se ha vuelto a saber nada del proyecto de ley, sí estoy convencida de que debe estarse dando un tremendo lobby por parte de las multinacionales y grandes compañías locales que manufacturan estas bebidas  para evitar que se apruebe esa iniciativa.

Ojalá en el Congreso tomen conciencia del gran daño que el consumo excesivo de este tipo de ‘alimentos’ ocasiona en la salud de la gente y de la ignorancia que hay sobre el verdadero contenido de los ‘jugos’ envasados. Es más, estoy convencida de que los colegios deberían impedir la venta de estas bebidas en sus tiendas, así como de las famosos leches saborizadas que no son otra cosa que un montón de dulce líquido pues varios estudios internacionales han asociado la hiperactividad y el déficit de atención al consumo de alimentos azucarados.

¿Tiene alguna duda de esta última afirmación? Basta con que recuerde el último cumpleaños de su hijo o de un amiguito al que le hicieron fiesta, seguramente les dieron torta llena de dulce, gaseosas o jugos de cajita, gomitas o masmelos y perro caliente. ¿No notó que después de un par de horas la fiestica se convirtió en un tremendo relajo? ¿Los chiquitines empezaron a correr como almas en pena, se accidentaron y agredieron a sus compañeros?

Yo viví un par de esas fiestas, y en la última uno de los amigos de mi hijo mordió fuertemente a una de las recreadoras que estaba organizando las actividades. Ese día se le acabaron las fiestas de cumpleaños a mi hijo. Y yo también tomé la decisión de bajarle el nivel de azúcar a mi familia, mi esposo se queja de las aromáticas simplonas, y al jugo hay que ponerle un poco de dulce porque si no habría un motín, pero no volvieron a entrar en mi nevera yogures, helados ni otros alimentos extra endulzados de este tipo.

Y ahora ruego para que el famoso impuesto se haga legal a ver si los ‘expertos’ de la industria alimenticia entienden que las tendencias de consumo claramente muestran que se debe reducir el nivel de azúcar en alimentos y bebidas, aunque sus ‘focus group’ digan otra cosa.


domingo, 26 de enero de 2014

Negocios lucrativos

Hace un par de años le dije a mi hermano, en son de broma, que dadas sus grandes dotes para relacionarse con la gente, hablar en público y ganarse la credibilidad de muchos sería bueno que montara una iglesia. Él no pudo más que reírse, pero lo cierto es que la revista Semana en su edición de este domingo reveló que cada ocho días en Colombia se tramitan ante el Ministerio del Interior 85 permisos para crear un nuevo culto.

Esas cifras no sólo confirman el impresionante nivel de ‘emprendimiento’ que hay en este segmento sino lo hábiles que son sus fundadores para alcanzar el éxito económico aplicando todas las reglas para lograr que un nuevo negocio se consolide:

1.       Identifican con maestría las necesidades de su ‘cliente’: salvo contadísimas excepciones, el que llega a una secta va con grandes problemas o necesidades espirituales así que está ansioso de encontrar un sitio en donde le den soluciones y esperanzas para su vida.

2.       Desarrollan un lenguaje acorde a su público: el estilo de la comunicación hace creer al ‘cliente’ que ese producto o servicio está hecho a su medida.

3.        Le  dan ’valor agregado’ al producto: la promesa de compensaciones futuras, en el más acá o en el más allá hace que el cliente perciba un enorme valor en el producto que recibe de este tipo de sectas, así que está dispuesto a pagar el 10% de su ingreso  así se quede sin plata para el bus o para el mercado porque está seguro de que Dios le premiará su generosidad con su maestro.

4.       El voz a voz y las estrategias BTL son las más efectivas para el negocio: crean y desarrollan unas fuertes redes de apóstoles que se encargan de propagar su doctrina y reclutar nuevos feligreses.

5.       Maximizan la utilidad, minimizando los gastos: su carácter de entidad sin ánimo de lucro les permite pasar de agache ante las autoridades tributarias y sacarse la platica.

6.       Tienen una clara estrategia internacional: convencidos de que la diversificación es lo más seguro divulgan su mensaje y sus ingresos en otros países.


Lamentable, en todo caso, que se juegue con las necesidades de las personas para lucrarse y vivir al estilo de las grandes estrellas del cine, mientras que los feligreses siguen entregando sus escasos ingresos con la esperanza de que Dios les cumpla las promesas de sus pastores. Y más penoso aún que el Estado no les pida cuentas claras.