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domingo, 12 de enero de 2014

Un año definitivo

Ahora que la pausa de las fiestas decembrinas se terminó es hora de actuar con prontitud para desquitarnos del regular 2013 que tuvieron los industriales. Algunos ya se cansaron de llorar por la competencia importada y han comenzado a actuar haciendo inversiones en nuevas tecnologías, en mejores procesos de producción y en capacitación de su personal.

Las cifras del Dane confirman que fue la construcción la que sacó la cara por la economía, mientras la agricultura mostró una leve mejoría. Y este año electoral, esa tendencia con toda seguridad se mantendrá, pues no hay nada más efectivo y rápido para mostrar buenos resultados en empleo que ponerle plata a la vivienda.

Encontrar nuevos nichos de mercado, renovar productos e innovar son tareas que deben estar en la agenda de todos los empresarios colombianos. No hay otra alternativa frente a la fuerte competencia que ya nos amenaza. Y el Gobierno no se ha comprometido con diseñar una verdadera política industrial que les de la mano a los sectores más golpeados. Del Pipe nada se sabe, simplemente lo han dejado diluir tal como ocurrió con las tan mentadas Locomotoras con las que dieron palo durante los dos primeros años de Gobierno.


Pero quejarse no es una opción, actuar es la única alternativa que nos queda frente a un 2014 en el que se iniciarán en forma buena parte de los 14 tratados suscritos por el Gobierno y tomarán fuerza los que ya están vigentes. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

La danza de los números

Las cifras de desempleo e inflación se han convertido en un juego mediático en el que el Gobierno apuesta por mejorar su imagen. Y, la verdad, es que pareciera que las cifras van por un lado y los empresarios por otro muy diferente. Para nadie es un secreto que el balance empresarial para el 2013 es bastante mediocre. Y la penosa salida del anterior director del Dane sí deja muchos sinsabores sobre la fidelidad de las cifras que mensualmente aplauden los funcionarios gubernamentales.

En diversos foros he escuchado las recomendaciones de entidades internacionales sobre la necesidad de mejorar las metodologías de medición del Dane y su desempeño. La industria es la más perjudicada ya que no se cuenta con encuestas completas y actualizadas que reflejen la verdadera dimensión de las empresas. Pero es evidente que la política gubernamental ha logrado su objetivo de bajar el desempleo a punta de construcción de vivienda.

En esencia esto no es malo, todos los colombianos tienen derecho a una vivienda digna. El problema es que se utilice esa necesidad con fines electorales. No es casualidad que se le haya apostado al programa cien mil viviendas dos años antes de la campaña presidencial, era el tiempo justo para dar resultados en materia de empleo y anunciarlos con bombos y platillos, como lo hizo el presidente Santos en su alocución de lanzamiento como candidato.

Lo malo es que estos programas tienen vida limitada, entonces esos satisfactorios resultados comenzarán a desinflarse, pero ¿qué importa si ya tendremos de nuevo al doctor Santos en Casa de Nariño?

Por otra parte, buena parte del empleo en la construcción es de baja calificación, no genera mejoras sostenibles en la calidad de vida de esas familias y, por el contrario, son populares los comentarios sobre el destino que tienen los salarios de muchos obreros de construcción: licor. Infortunadamente muy pocos piensan en mejorar sus calificaciones profesionales, así que dependerán de un segundo envión de viviendas para sostener su tren de consumo.


La industria, en cambio, tiende a ser más formal en sus procesos, genera más innovación, impulsa la capacitación de los trabajadores y genera empleos de largo plazo. El problema es que no son tan  rápidas generando puestos de trabajo, así que para los fines electorales no son un buen sujeto de publicidad. De lo contrario, no tendríamos cien mil viviendas sino cien mil industrias, y el presidente no se habría tomado la foto en una casa de interés social sino en una planta de producción de carnes frías o confecciones.

Qué bueno que para todos los sectores hubiera mermelada en vez de apuestas inmediatistas, efectistas e insostenibles en el largo plazo. Lo mejor de todo es que apelando a la mala memoria de los colombianos Santos se hizo el loco con sus locomotoras, que se quedaron en meros trencitos de juguete y hoy no las quiere ver ni en pintura, con excepción de la construcción.